Campañas electorales

2017-05-15 00:52:13
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Fuente: Marco Antonio Aguilar Cortés

GRAVOSAS POMPAS DE JABÓN
En la vida del ser humano ha habido lugares, tiempos y modos, mejores que otros para el común de los mortales, y no sólo para los pudientes.
Hoy por hoy, en el mundo y en México, se vive con temor, con violencia, con pobreza, con ignorancia, y con inseguridad; son pocos los países que se observan como excepcionales ínsulas de riqueza y remansos de paz.
Pero aún ellos pueden ser infectadas socialmente, de un momento a otro, por los males de moda, u orillados a participar, bajo su sorpresa y sin culpa directa, de una catastrófica explosión nuclear.
Duele el darse cuenta de que los pueblos de la Tierra califican a nuestra nación, desde hace varios lustros, como un enorme cementerio, y un Estado enfermo.
Se imaginan, con tanta publicidad internacional al respecto, que bajo los cerca de dos millones de kilómetros cuadrados de superficie que tiene México, en cada metros cuadrado hay varios cuerpos humanos enterrados clandestinamente por gente mala, ya sean autoridades u organizaciones delictivas.
Piensan, prejuiciados por la información que les llega, que cada mexicano es un delincuente, y que cada funcionario público o empresario de iniciativa privada es un corrupto.
Consideran que sólo los extranjeros que les gusta la pus y la porquería, y viven en y de ella, vienen con nosotros para hacer tratos ventajosos y sucios.
Observan que nuestro fenómeno político se encuentra lejos, lejísimos, de la democracia, pero que a nuestra realidad electorera le invertimos los cientos de miles de millones de pesos que son dignos de ser gastados, no ahí, sino en nuestras urgentes necesidades sociales a la vista.
No sólo les parecen onerosas esas campañas electorales que calendarizamos año tras año; ya federales, estatales y/o municipales, sino que las juzgan de una gran inutilidad por su pobreza política e ideológica, ya que lo único que están aportando, a altísimos costos, son a los altos funcionarios en vísperas de ser los delincuentes del mañana.
Y el Estado de México es una excelente vitrina, en esta campaña electoral que está padeciendo, de ese garrafal dispendio de recursos económicos, y de las pírricas aportaciones de los candidatos que participan.
De suyo, un Estado de México que fue semillero de políticos de especial importancia para el país, durante el siglo XX, lo han convertido en un grotesco ensayo para las elecciones presidenciales del año venidero, en donde los contendientes a la gubernatura exhiben una mediocridad productora de bombas de jabón para distrae ingenuos.
Desde luego que, por desgracia, esa visión es exagerada, pero algo hay de cierto en ella, y es necesario reconocerlo, no por ufano cinismo, sino para estar en condiciones de superarlo.
Quiera el destino, ayudado por trabajo eficaz bien orientado, que pronto podamos construir lugares, tiempos y modos, mejores y nuevos, no exclusivamente para los multimillonarios, sino para el común de los mortales.